El sol de junio de aquella mañana salió mas tarde de lo previsto, quizás hubiese tenido una pelea con la luna, pensó el detective Gregorio García, sentado en la parte izquierda de su catre. El astro sin embargo, entró por una rendija del postigo, le acaricio la cara con su magnifico esplendor, dejándole en claro de que si hubo una pelea había salido ileso y victorioso.
El detective se levanto del catre, con un ruido a resortes rotos y gastados, vacilo durante unos y lentamente miro hacia a la pared derecha de su habitación y vislumbro el calendario en el cual ese mes se podía ver la imagen de una señora trabajando en una maquina Singer. La señora no parecía muy feliz que digamos, pensó el detective mientras corría los papeles arrugados de su meza de luz, en busca de su reloj, que lo había despertado con su melódico pero siempre molesto Tic Tac; cuando lo encontró, descubrió que eran las nueve y veinte de la mañana, “algo tarde” pensó. Sin embargo quizás aun estaba a tiempo, se consoló en voz baja. Habían sido dos largas semanas de encuentros y desencuentros.
Abrió los postigos, luego la ventana, observo hacia a fuera y vio al asesino aparecerse desde la esquina, con su peculiar caminata, Gregorio rio astutamente, dio un giro de 90° grados y se encamino con destino al baño, atravesó el fino pasillo atestado de cajas viejas que le dificultaron el acceso. Sin embargo llego, busco su brocha de afeitar, un jabón amarillo roto en varios pedazos, volvió hacia la cocina por el mismo lugar, calentó agua, y se comenzó a afeitar, siempre mirando por la ventana al asesino que ya había llegado a la parada de colectivo situada enfrente de su casa.
Cuando termino de afeitarse guardo los elementos utilizados en su lugar, se termino de vestir y atravesó la puerta sonriendo tímidamente, esto le causaba un estupor diferente cada día. Camino unos pocos pasos y se detuvo junto al criminal que pareció no notar que estaba allí, esto no le preocupa a Gregorio. Hacia unas semanas le hubiese parecido extraño, pero ya no, comenzó a silbar el tango Niebla Fatal, mientras subía al ómnibus junto a su perseguido, se sentaron en lugares correlativos. El colectivo no llevaba mucha gente esa mañana, por lo que el detective sacó una cerilla y luego de encender su cigarro holandés la lanzo hacia fuera.
El detective observaba mucho a su compañero, trataba de analizar su conducta, había cambiado mucho desde el homicidio, tanto en lo físico como en actitudes y sentimientos, el hecho lo había cambiado, la conciencia lo torturaba por las noches y en silencio, durante el día sentía que las miradas de desconocidos lo culpaban e intentaban que no pudiera re insertarse en la sociedad. De hecho lo había intentado todo, había dejado las drogas y el alcohol, ya que las consideraba una de las causas de ese final tan desastroso, comenzó a estudiar, consiguió un trabajo digno, una mujer, 2 niños, pero nada lo llenaba, todo lo llevaba a ese hecho que aunque habían pasado 10 años, y había huido ileso, aun le taladraba la cabeza. Habían sido 10 años horribles en los que deseó no haber nacido.
Sin embargo lo que no sabía era que un detective lo seguía, desde hacía algunas semanas. Lo había tenido cerca pero no lo había notado, ni siquiera lo había visto. El detective había trabajado silenciosa y pulcramente, le costo encontrarlo pues físicamente no era el mismo joven que se había equivocado tan absurdamente, su cuerpo estaba mas deteriorado, y había engordado alrededor de 15 kilos, probablemente el trabajo en oficina había dado sus resultados, porque además de los kilos lo había dejado corto de vista por utilizar tanto tiempo la computadora, y ahora llevaba lentes. Sin embargo Gregorio había cumplido con su objetivo.
Finalmente llegaron a la esquina de Peñalba y Ortigoza, bajaron 5 personas entre ellas el asesino y el detective, que comenzó a caminar a la par del malhechor, por la vereda, camino al trabajo de este, que estaba a unas 4 cuadras de la parada del colectivo. Cuando llegaron, entraron por la puerta de vidrio espejado, que conducía a su cubículo personal, el detective sin embargo opto por no seguir con el y doblo en una puerta a la derecha. El asesino siguió caminando, saludo a la secretaria y ella le devolvió un sobrio “hola” con lo que dejo en claro que no era de su agrado, sus compañeros lo ignoraron como de costumbre. El prosiguió a su habitáculo de trabajo, la ocupación en un telecentro como éste le había cambiado su manera de ver las cosas, estaba 8 horas hablando con personas que no conocía, intentando venderles algo que no consumía y que nunca haría. Aquella mañana no fue especialmente la esperada, de 25 llamadas no vendió ningún producto, y esto lo ponía de muy mal humor, por eso decidió salir a almorzar en sus 20 minutos de descanso, algo que generalmente lo sacaba de ese estado vegetativo en que habitaba con sus colegas, lo trataban como un florero que llegaba y se iba sin pena ni gloria. Cruzo la avenida Aohurcade, y se instalo en una cómoda silla en el restaurante Goddess, donde servían su plato preferido, hablo con el mozo que quizás era el único en la ciudad con el cual entablaba una conversación, pidió su plato habitual de los miércoles y aguardo impacientemente. El mozo llego con la comida en alrededor de 9 minutos, esto lo mantuvo pensando un buen rato sobre lo que haría al finalizar el día, pero no consiguió abstraer ninguna conclusión, no obstante almorzó con muchas ganas, tenia un hambre atroz. Cuando termino, pago la cuenta, le pareció muy elevada, con respecto a lo que pagaba la semana pasada. Esto lo disgustó bastante; el mozo intento explicarle que los costos habían subido y sobre la crisis… Le resto importancia a las palabras del mozo y cruzo la calle de regreso a su trabajo.
Cuando llego a su cubículo noto un sobre amarillo sobre el teclado de su computadora, el sobre era delgado, probablemente solo contenía una carta o una invitación pensó en un tono feliz, quizás algún compañero se había acordado de el y lo había invitado a una fiesta. Pero las esperanzas desaparecieron y pasó de la euforia a quedar estupefacto y sorprendido, el sobre era anónimo y estaba dirigido a su persona, esto no era lo peculiar si no que debajo de su nombre había una descripción entre paréntesis, que decía (usted), esto le pareció algo extraño y prosiguió a abrir el sobre. Cuando saco el papel, noto que no había observado correctamente y visualizo unas letras en color dorado que le propino una idea sobre como leer la carta. Decidió que no debía abrir la carta, las palabras en dorado le sugerían algo especial y por eso decidió que aguardar el final del día seria una buna idea, finalmente lo coloco sobre el monitor de su computadora, para abrirlo cuando estuviera solo y tranquilo.
Aquella tarde fue discontinua, las primeras horas estuvieron cargadas de intriga por saber lo que decía aquella carta. Varias veces saco el papel del sobre para leer su contenido, pero terminaba guardándolo en una actitud premonitoria. Al pasar las horas se olvido por completo del aquel sobre, y se sumergió en la resolución de porcentajes de los nuevos productos. Finalmente cuando se aproximaba la hora de irse recordó el sobre, esto le produjo una fuerte punzada en el estomago, interpreto como una señal de que ya era la hora de leer el contenido de ese sobre.
Eran las 7:55 cuando salió por la puerta de su trabajo, para sumergirse en los suburbios, doblo nuevamente por Aohurcade sentía que los pies caminaban solo hacia donde había elegido para leer la carta, sus manos empezaron a temblar cuando doblo por una angosta calle. Estaba llegando a su antiguo barrio, recordaba casi todo, el negocio en la esquina donde compraba los cigarrillos, la calle de tierra, las verjas rosadas de la vecina de enfrente, aquello le traía recuerdos muy lindos de su infancia, y era el único lugar en el que creía el no era un cero a la izquierda. Cuando llego a la casa de su madre, ahora deshabitada, miro hacia adentro como buscando que alguien le abriera, pero el bien sabia no pasaría eso. La casa tenia un estilo ingles rodeada de un pequeño jardín con un cerco que acotaba el espacio propio. Se podían ver sus muros con ladrillos a la vista, en los que el musgo había ganado la batalla, el techos de tejas planas a dos aguas, no estaba mucho mejor y los vitrales en forma de rombos en sus ventanas dejaban en claro el estado en que estaba .Se sentó en el cordón de su casa y miro hacia abajo, por eso quizás no vio a el detective Gregorio García, que venia caminando por la vereda en la misma dirección que el.
García, tenia un sobretodo negro, unos vaqueros de cuero marrón, unos zapatos que concordaban con la figura del típico detective, miro al hombre sentado en el cordón y atino a pararse a unos metros de el, detrás de un siempre verde, que desentonaba con el típico ambiente invernal que había. La brisa golpeaba la campera del asesino moviéndole el cuello de la camisa, hacia mucho frio, típico de un invierno en Belgrano, siempre este barrio porteño marcaba la diferencia y desentonaba meteorológicamente con la capital.
El desdichado hombre sentado en el cordón saco el sobre amarillo, ya estaba listo para leer lo que decía, tenia una leve sospecha pero no quiso tratar de adivinar. Saco el papel, del sobre, era una carta de una carilla solamente, pero estaba escrita con un puño fuerte, como alguien que la había escrito con bronca con deseos oscuros. Apenas comenzó a leer las lágrimas comenzaron a rodar y su mano a temblar, tuvo que parar varias veces y comenzar de nuevo, por que perdía el hilo, debido a los pensamientos que atravesaban su cabeza, la carta decía:
Señor
Me imagino que no debe tener idea alguna de quien soy, no me debe recordar, le cuanto que ya tengo 29 años, ya no soy ese joven de 19 que lo vio por ultima vez, he sufrido mucho pero también he crecido, me he llenado de valores, tales como a mi padre le hubiera gustado pero como usted sabe, mi padre no esta mas. Espere a cumplir 29 años para escribirle, mi papá siempre me contaba que cuando la persona pasa los 28, ya es un hombre hecho y derecho, como le gustaba decir, y debe enfrentarse a los problemas por si solo, bueno como buen gallego que soy no me gusta andar con vueltas, así que voy directo al grano, le escribo para contarle que usted destruyo una familia, yo tenia tan solo 19 años y por solo unos pesos que mi padre estaba dispuesto a darle, usted actuó sin consideración, me dejo sin un papá, sin esa persona que me tapaba cuando tenia frio, me ayudaba cuando no podía, me felicitaba por mis logros, me ensañaba cuando no sabia algo, y le digo, cuántas cosas no pudo ensañarme culpa suya, me dejo sin ese papá que me consolaba cuando estaba triste, pero sobretodo que me amaba con todo su corazón, sabe usted lo que yo hubiese dado por darle un ultimo abrazo a mi padre, por decirle lo mucho que lo amo, por demostrarle ese cariño, que a veces por vergüenza no me anime a decirle. Sabe usted lo que me arrepiento, de no haberme animado a decirle cara a cara lo que sentía, siento que nos hubiésemos abrazado y llorado juntos. Muchas veces no puedo dormir pensando, por que espere tanto para decirle lo mucho que lo amaba. Sabe usted lo mucho que lo extraño, su presencia, su deambular por la casa, la seguridad que me daba saber que estaba ahí, extraño sus metidas de patas, sus palabras antiguas, que muchas veces me hicieron pasar vergüenza delante de mis amigos.
Por ultimo le digo que usted no sabe nada, usted destruyo una familia, mato a un ser inocente, pero estoy seguro de que no lo va entender, porque una persona como usted no piensa, solo actúa para satisfacer sus necesidades mas vulgares.
Sin más que decir, simplemente adiós.
El asesino estaba llorando como un niño a la orilla de la calle, había caído de bruces al piso, y de espalda a el cielo, lloraba amargamente, tratando de abstraer los recuerdos de su mente. El detective se acerco lentamente al asesino, lo vio sufrir y por poco casi se arrepiente, pero finalmente decidió terminar con su mandato, ya era hora de volver. Se agacho lentamente al piso, y dejo caer sobre la fría calle un arma plateada, que hizo un ruido sordo al golpear el asfalto y se propagó por las calles. El desdichado, se dio vuelta, pero no vio a Gregorio, solo vio el arma.
Gregorio, de espalda al asesino iba caminando tranquilamente, mirando las estrellas, pensando en que quizás seria bueno pasar a saludar a su hijo. Finalmente se dio cuenta que había terminado su labor en la tierra, decepcionado, se alejó tarareando el tango El fantasma de Belgrano y desapareció en la inmensidad.
Nuevamente un alma había vengado su muerte en el misterioso barrio de Belgrano.
DieegoGz

